El León de Damasco
El León de Damasco Nada más lanzar aquella exclamación de burla, retumbaron dos disparos, a los que siguieron dos alaridos. Nikola, tras empuñar las pistolas, en lugar de apuntar a sus sienes para complacer a aquellos asesinos, retrocedió tres pasos y descargó las pistolas contra los mahometanos, en tanto que decía:
—Voy a ser yo, necios, quien haga saltar los melones turcos.
Y los marineros se desplomaron frente a la entrada de la caverna, mientras de sus frentes heridas manaba abundante sangre, ya que habían sido atravesadas por las balas.
Cogió las armas y municiones de ambos cadáveres y, agarrando a estos, uno detrás del otro, los arrojó al abismo desde lo alto de la escollera.
Se oyeron dos chapoteos; después nada.
Los musulmanes se habían reunido ya con las huríes.