El León de Damasco
El León de Damasco —Pues el bajá irá a la entrevista con unas cuantas galeras y el almirante veneciano no desaprovechará la oportunidad para presentar batalla. Después, ya se verá.
—¿Y no marcharemos a Hussif?
—Yo pienso que sÃ. Hemos de libertar al padre del León de Damasco.
—¿Conoces el castillo?
—SÃ, ya estuve allÃ.
—¿Es muy numerosa la guarnición?
—Hay más mujeres y negros que nada. Gente que huirá a los primeros disparos.
—Lo que lamento es que no se encuentre allà Haradja.
—¡Oh! ¡Cualquiera sabe!
—DesearÃa cogerla desprevenida en su guarida.
—A todo esto, lo que nos hace falta es el desayuno.
—¡Bah! Eso no es lo más preciso.
—Compañero Nikola, ¿te acuerdas a qué hora cenamos ayer?
—Te quejas injustamente. FÃjate qué magnÃficos racimos los de aquella parra. Además, en mi bolsillo conservo algo de galleta. No es otra cosa la que necesitan los labradores cretenses y bien sabes que son vigorosos y robustos. Acompáñame.
—¿Apago las mechas de mis pistolas?