El León de Damasco
El León de Damasco —¿Cuánto falta todavÃa?
—Tres horas largas, señor.
—¿Podrán aguantar nuestros caballos manteniendo la distancia?
—SÃ, señor. Los de los turcos se hallan más agotados que los nuestros y os garantizo que no nos alcanzarán hasta Capso. Por otra parte, pronto encontraremos a Nikola.
—Lo sé —respondió el León de Damasco, suspirando.
Y volviéndose para mirar a los enemigos, agregó:
—No ganan terreno.
—Y no lo ganarán, probablemente. Pero si esta galopada se prolongase mucho, también nuestros caballos habrÃan de ceder, señor.
—En tal caso tomarÃamos nuestros arcabuces y los recibirÃamos a balazos, disparando hasta acabar con las municiones. Las flechas no son peligrosas a tanta distancia.
—Pero son todavÃa muchos.
—Los diezmaremos de nuevo. De esto se ocupará Mico, que es rara la vez que falla un tiro.
Una colina bastante abrupta y elevada, con pobre y raquÃtica hierba, surgió frente a ellos, cortándoles el paso.