El León de Damasco
El León de Damasco Esta constaba de doscientas ochenta galeras con ochenta mil guerreros ansiosos de sangre cristiana. Aguardaban sin cesar que cualquier tempestad sorprendiera a Veniero y lo enviase hacia las costas de Mossa o Negroponto. Pero, como hemos indicado, era hábil e inteligente en exceso el almirante veneciano y había mandado poner rumbo en dirección a las costas de Sicilia, aconsejando a todas las naves que procurasen mantenerse agrupadas.
Sabía que sus ocho galeras eran imprescindibles a la Liga, que de todas formas contaba con fuerzas bastante inferiores que los mahometanos y con ocho mil hombres menos.
Por fortuna, el viento se mantuvo favorable y los esfuerzos de Alí-Bajá no sirvieron de nada. Veniero, acelerando la marcha desde el primer instante, arribó a Mesina una mañana de principios de septiembre, siendo acogido con entusiasmo, ya que no había nadie que no tuviese fe ciega en aquel anciano y audaz capitán.
Al ver aparecer la enseña de la República, los marineros soltaron atronadores vítores, las galeras dispararon salvas, al igual que los cañones de tierra y la gente del pueblo, congregada en el puerto, aplaudió con frenesí.