El León de Damasco
El León de Damasco —SÃ; retándola delante de las murallas de Famagusta. Pero no sabÃa que era una mujer.
—Es lo mismo. Tú estás enterada ahora de que esa mujer se encuentra en CandÃa, ¿no es asÃ? Pues bien: envÃa un mensajero ante los muros con el encargo de que, en nombre de una dama turca, rete a una cristiana de la plaza. Conozco que eres experta en el manejo de las armas blancas.
—Bastante, tÃo, pero ¿estará conforme? Y, por otra parte, desearÃa que no saliera sola.
—¿DesearÃas que saliera con el León de Damasco?
—SÃ.
—¿Y con quién vas a enfrentarle?
—Con mi capitán de armas.
—No obstante, me han explicado que cierto dÃa, años atrás, ante ti y en tu propio castillo, le dio una magnÃfica estocada el capitán Tormenta.
—¡Cierto!
—¡Hum! Si el maestro recibe una, ¿cuántas recibirá la discÃpula?
—Me parece que ninguna, puesto que la discÃpula ha superado al maestro. Le asesto suficientes botonazos sin excesivo esfuerzo.
—¡Hum! Fanfarronadas.
—No, tÃo.