El León de Damasco
El León de Damasco La bella turca, con la agilidad de una pantera, se dirigió al instante hacia el parapeto de la terraza, en la que podÃan verse seis culebrinas que llevaban el sello de Venecia —el famoso León de San Marcos—, tomadas, sin duda, en Nicosia o Famagusta. Como el sol resplandecÃa fuertemente, a pesar de ser por la mañana, protegióse también los ojos con la mano.
Un tremendo abismo se abrÃa a sus pies, ya que el castillo se adentraba en el mar por aquella parte no menos de cien metros. Pero permaneció impertérrita, escuchando por un instante el rumor de la resaca, que llegaba hasta ella.
Casi ni a mil pasos de distancia una galera de unas trescientas toneladas, de buenas lÃneas para alcanzar gran velocidad, con dos palos provistos de enormes velas latinas y dos órdenes de remos, avanzaba con lentitud por el plácido océano, en dirección al noroeste, como si se dirigiese al archipiélago griego para anclar en la poderosa Constantinopla.
—Ocho culebrinas —enumeró el capitán—, veinte guerreros y veinte galeotes al remo. Buen manjar. ¿Qué opinas, señora?… ¿Continúa la flota del bajá vigilando la ruta del archipiélago?
