El León de Damasco
El León de Damasco EL CAPITÁN TORMENTA
Veinticuatro horas antes de que ciento cincuenta mil turcos bajo las órdenes de un célebre general —el visir Mustafá—, asediaran a Famagusta, un joven guerrero que semejaba un niño, seguido de un árabe de fiera apariencia, entraba en la ciudad.
Escasos días antes Nicosia, la segunda ciudad en importancia de la isla, había sido conquistada al asalto y las huestes otomanas pasaban a cuchillo a todos sus habitantes, sin perdonar la vida más que a las jóvenes hermosas a las que destinaban a los harenes de Constantinopla. Ni siquiera las criaturas se salvaron del enloquecimiento feroz de los seguidores de Mahoma.
¿Quién era aquel joven a quien una galera italiana tuvo el tiempo justo de desembarcar, dándose a la huida al instante ante la aproximación de trescientas cincuenta naves turcas?
¿Era un bravo ansioso de gloria y resuelto a morir combatiendo por la cruz frente a la aborrecida Media Luna, y a quien el destino había llevado hasta aquel lugar que a no tardar iba a ser escenario de un terrible y bárbaro espectáculo?
