El León de Damasco
El León de Damasco Disfrazada de hombre y siempre combatiendo en vanguardia al igual que los más hábiles y valerosos capitanes, nadie pudo sospechar que era una mujer, pese a la hermosura y delicadeza de sus rasgos, con excepción de un aventurero polaco que estaba al servicio de los venecianos Como resultado de una disputa entre el de Polonia y la duquesa, con el fin de no enfrentarse entre sí, resolvieron combatir uno tras otro con un joven y altivo turco que cada día avanzaba hasta el pie de los muros para retar a singular duelo a los capitanes cristianos. Por sus hazañas, arrojo y arrogancia se le llamaba el León de Damasco y era hijo del bajá de aquella región asiática.
Con gran asombro por parte de todos, ya que el polaco era un consumado espadachín, Muley-el-Kadel le derrotó, dejándole muy malherido. Pero el capitán Tormenta, para ser más exactos, la duquesa de Éboli, debía sorprender a atacantes y atacados al herir breves minutos más tarde al León de Damasco en notable combate.
En lugar de guardar rencor al cristiano por esta derrota, el joven turco conservó gran aprecio hacia su vencedor y, cuando ya conquistada Famagusta, la duquesa se había escondido en una casamata, decidió salvarla, defendiéndola contra la ferocidad sanguinaria de los jenízaros.