El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Pero el globo signe bajando y caeremos en el mar —dijo el agente del gobierno, que sonreÃa lúgubremente, como si estuviera contento por aquel desenlace.
De pronto, el maestro, que se habÃa dejado caer en un rincón de la barquilla, se puso en pie de un salto, dando un grito.
Aferrado a las cuerdas sacó el cuerpo fuera, todo lo mas que pudo, y escuchó con atención con la vista fija en Occidente. ¿Qué habÃa oÃdo? ¿Qué escudriñaban aquellos ojos?
—¡Cardoso! —exclamó con voz emocionada.
—¿Qué ves? —preguntó el muchacho.
—¿No oyes un estruendo?
—SÃ, parece que las olas se estrellan en alguna parte —respondió Cardoso después de escuchar con profundo recogimiento.
—¡Es la resaca!
—¡Tenemos una tierra delante!
En aquel instante, un rayo de luna, abriéndose paso a través de la masa de vapores que poco a poco iba invadiendo aquella porción del cielo, iluminó el Océano.
El maestro dio un grito:
—¡Tierra!… ¡Tierra!… ¡Estamos salvados!