El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Y yo, menos todavÃa, hijo mÃo. ¡Que el diablo so lleve a todos los globos del universo!… ¡Caramba!… En estas pocas horas he experimentado más emociones que en treinta y seis años de navegación por todos los mares del mundo.
—Pero ¿dónde descenderemos?
—¿Quién lo sabe? Yo supongo que esa tierra sea la costa americana, porque desde mediodÃa ele ayer marchamos constantemente hacia Occidente.
—¿Te parece que habremos derivado hacia el Sur?
—SÃ; y no poco.
—Entonces, esa es la costa de Patagonia.
—Ya tejo diré cuando haya salido el sol.
—¿Conoces tú esa costa?
—Naufragué en ella una vez y he vivido seis meses entre los gigantes que la pueblan. Si un viajero inglés no me hubiese arrancado de las manos de aquellos bárbaros, apuesto que no estarÃa aquà ahora.
—¿Y si fuese la costa argentina?
—Tanto mejor.
—¿Y el tesoro?
—¡Bah!… ¿Quién descubrirÃa en nosotros a unos marineros del «Pilcomayo», crucero de la República Paraguaya?… Podremos inventar una historia cualquiera; por ejemplo, que venimos de Europa.
—¡Hum!…