El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Poco después el globo dejaba definitivamente el mar y corrÃa sobre aquel litoral desconocido que se extendÃa hasta perderse de vista hacia el Norte, el Sur y el Oeste, descendiendo lentamente en forma de concha, cubierta aquà y allá de una hierba, bastante alta, de un verde brillante, y de grandes macizos de cañas de fuste finÃsimo, terminado en un penacho sedoso en forma de escoba y de grandes mazos de alcachofas silvestres.
En lontananza, aparecÃan diseminados aquà y allá árboles gigantescos de forma de desmesuradas sombrillas. Pero ni una habitación, ni una cabaña, ni un campamento, ni un ser viviente de cualquier especie. El paraje aquél parecÃa completamente despoblado.
El maestro, que desde hacÃa algunos instantes daba señales de cierta inquietud, observaba minuciosamente aquellas hierbas y aquellos árboles como si intentase encontrar los nombres en su memoria. De repente se volvió a Cardoso.
—Yo conozco este paraje —dijo—. Han pasado muchos años, pero recuerdo haber pisado esa brillante alfombra, que se extiende ante nosotros y que nos acompañará centenares y centenares de millas.
—¿Dónde estaremos? —preguntó el muchacho.