El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Los dos cuerpos que habÃan rodado por el suelo se levantaron prontamente; eran el maestro y el joven Cardoso.
—¡Señor Calderón! —llamaron a gritos.
Pero el señor Calderón ya no podÃa oÃrles. El globo no era más que un punto oscuro que desaparecÃa rápidamente hacia el Sur.
—¡Gran Dios!… —exclamó el maestro.
—¡Perdido! —exclamó Cardoso.
—Perdido no, porque le volveremos a encontrar, hijo mÃo. Perseguir al globo serÃa una locura, y además estamos tan derrengados que nos tendrÃamos que detener a una milla de aquÃ.
—¿Y por qué no habrá descendido a tu voz de mando?
—Porque se habÃa liado entre la red. Me pareció que habÃa metido los pies entre las mallas.
—¿Y adónde irá a parar ahora?
—¿Quién podrÃa decirlo? Afortunadamente, no ignora que el globo tiene válvula y estoy seguro de que a estas horas el gas estará escapándose.
—Pero caerá muy lejos de aquÃ.
—Ya lo encontraremos, hijo mÃo, te lo juro. No podemos abandonar asà a un compañero que ha compartido con nosotros tantos peligros.
—Con tal de que no caiga entre los indios.