El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Tiene sus pistolas, hijo mÃo, y cuando uno está armado, en un paÃs rico en caza, no se muere de hambre. Acaso a estas horas estará también cenando alegremente.
—Si no ha caÃdo en las uñas de los pampas.
—O en las de los patagones. Pero ya le encontraremos, Cardoso, y yo te lo aseguro.
—A la mesa, caballeros —dijo Ramón, sacando del fuego el asado y colocándolo sobre una piel de borrego, extendida en el suelo—. Es la carne de un guanaco que matamos ayer mañana, y les aseguro que es mejor que el filete de buey.
Sacaron los cuchillos y atacaron vigorosamente al asado, que fue declarado excelente por unanimidad. Bastaron pocos minutos a aquellas mandÃbulas poderosas para hacerlo desaparecer completamente, aunque pesaba más de cuatro kilogramos.
Concluida aquella abundante, pero modesta colación, Ramón puso al fuego el caldero de hierro, lleno de agua, mientras su hermano echaba en una calabaza un puñado de hierba mate.
—¡Caramba, qué lujo! —exclamó el maestro, que no habÃa perdido de vista, aquellos preparativos—. ¡Tenemos mate en pleno desierto!