El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Un objeto brillante que parecÃa una gran hola de metal, pasó silbando entre ellos, perdiéndose en la hierba cincuenta pasos más adelante.
—¡Truenos y relámpagos! —exclamó el maestro—. Una bola.
—¿De los otros patagones?
—Sin duda, y que al parecer están muy cercanos.
—Pero ¿dónde están?
—Acaso escondidos en aquella maleza.
—¡Ah! Deben ser los dos indios que desmontó usted hace poco —dijo Ramón—. ¡No importa! ¡Adelante, Diego!
Espolearon los caballos y se lanzaron a través do una alfombra de espesa hierba, salpicada de verbenas multicolores, las cuales desprendÃan penetrante peà fume.
Recorridos cincuenta metros, Ramón se volvió a mirar atrás para observar si era seguido y no pudo contener una imprecación. El grueso de la tropa les seguÃa siempre y, lo que era peor, habÃa ganado mucho terreno porque ya no distaba más que setecientos u ochocientos metros.
—Amigo, es preciso separarnos —dijo.
—¿Usted también me abandona?
—Es necesario para la salvación de Cardoso.
—¡Ay, si no tuviese a este pobre muchacho!
—¿Qué harÃa usted?