El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Bravo joven! —exclamó el viejo lobo de mar con voz conmovida—. Si salgo sano y salvo de este desierto le recomendaré como merece al presidente de la República. ¡Oh! Otra vez esos bribones. Decididamente la han tornado conmigo y no hay manera de mandarlos con Belcebú… ¡Marinero, esta vez no escapamos de las manos de esos paganos!
La maniobra de los dos valerosos gauchos no habÃa tenido el éxito que esperaban de ella. El grueso de la tropa, aunque considerablemente mermado, no habÃa cejado en la persecución del tercer caballo montado por los dos marineros.
Antes, al verlo solo, habÃan apretado la marcha y ganaban terreno a ojos vistas, ensanchando el semicÃrculo para cogerlos en medio. Ahora la fuga era imposible y bien lo sabÃa el maestro, teniendo debajo de él un caballo casi agotado.
No obstante, no se desanimaba, cargó la carabina con que poco antes habÃa desmontado al patagón, preparó la otra, acomodó lo mejor que pudo a Cardoso, que continuaba durmiendo profundamente, le ató sólidamente a la silla y espoleó vigorosamente al caballo, dirigiéndose hacia la altura poco antes descubierta y que distaba, un par de kilómetros.