El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Un último esfuerzo, pobre animal! —decÃa el maestro acariciándolo—. ¡Animo! ¡Al galope!
El caballo, en lugar de obedecer, se paró tocando con la nariz en la tierra.
—¡Adelante! —gritó el maestro, clavándole despiadadamente las espuelas en el vientre.
El pobre animal lanzó un relincho de dolor y subió la colina al galope; pero aquel era su último esfuerzo. HabrÃa apenas recorrido cuatrocientos pasos cuando volvió a pararse cayendo sobre las rodillas.
—¡Esto se ha terminado! —exclamó el maestro secándose el frÃo sudor que emperlaba su frente—. ¡Ya no podemos seguir! Suerte que esos pagamos, aunque me apresen no conocen el valor de los diamantes. ¡Pronto! A tierra y decidido a defender el pellejo.
Se echó al hombro las carabinas, tomó en brazos a Cardos o y se puso a subir la colina a la carrera. Los patagones habÃan llegado entonces a la base. Siete a ocho bolas lanzadas contra el marinero no le alcanzaron. El caballo que acababa de abandonar, herido en la cabeza se desplomó al suelo para no levantarse más.
—¡Animo, marinero! —gritó el maestro—. La fortuna me protege.
En aquel instante sus ojos se fijaron en una roca que debajo presentaba una negra abertura; una caverna sin duda.