El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Esta es tu tienda; eres el huésped grato del jefe de los tehuls.
Después hizo intención de salir, pero el señor Calderón, con un gesto le detuvo.
—Hablemos —dijo.
—¿El hijo de la luna no tiene hambre? —preguntó el patagón.
—Tienes razón: hace dos días que no como.
—¿En la luna no hay víveres para sus hijos?
—Tenía mucha prisa por bajar —dijo el agente del gobierno con leve sonrisa.
—Pero Hauka no tiene prisa y dará de comer al hijo del cielo.
El bravo jefe salió después de haber dejado caer la piel que cerraba el «toldo», para que los ojos de los curiosos no perturbasen al señor Calderón.
Este, cuando se quedó solo se dedicó a examinar con vivo interés la tienda, que podría hasta convertirse en su prisión.
Era de forma cuadrilonga, como son por lo general los «toldos» de los patagones, larga de más de cuatro metros, ancha de tres, y alta de dos y medio por delante y solamente dos por detrás para que corriese la lluvia. La armadura estaba hecha con pequeñas estacas de nueve a diez centímetros de longitud, sostenidas por pértigas más largas; el resto era de pieles de guanaco cosidas y pintadas con una mezcla de grasa y tierra roja.