El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Colgó de la silla los estribos, también de madera muy pulimentada, con el arco de cuero, y después montó en otro caballo que estaba ya ensillado.
A un silbido suyo todos los guerreros que estaban en el campo montaron en sus caballos y se pusieron detrás del hijo de la luna, de manera que impedÃan toda tentativa de fuga.
—En marcha —dijo el jefe.
—Pero ¿a dónde me llevas? —preguntó otra vez el señor Calderón cuya inquietud iba en aumento.
—Pronto lo sabrás…
—Acuérdate que soy hijo de la luna y con sólo una seña puedo matarte.
—Hauka es bueno —se contentó con decir el jefe—. Partamos; que el camino es largo.
Los caballos, vigorosamente espoleados, partieron a la carrera desapareciendo hacia las grandes piadoras del Sur.