El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Desgracia! ¡Desgracia! —Se pusieron a chillar las mujeres.
—Pero traemos con nosotros otra cosa —dijo el jefe.
—¿Otro hijo de la luna?
—No; dos malditos cristianos que han matado a algunos de nuestros más valerosos compañeros.
El furor hizo explosión entre los patagones del campamento.
—¡Mueran los cristianos! —vocearon todos levantando las lanzas y volteando las bolas.
—SÃ; ¡mueran! —clamaron los jinetes.
—¡En seguida! ¡En seguida!
—Al ser de dÃa —dijo el jefe—. ¡Vengan los cristianos!
Dos caballos fueron empujados al centro del campamento. Encima, y sólidamente atados y medio tendidos, llevaban, respectivamente, un hombre y un muchacho que no parecÃan dar señales de vida. Algunos guerreros los libraron de las ligaduras y los echaron bruscamente suelo, sin preocuparse de si aquellos desgraciados se rompÃan los huesos en la ruda; caÃda.
El de más edad, que era el maestro Diego, el cual después del terrible puñetazo recibido del hercúleo patagón que le habÃa apresado, no habÃa vuelto en sÃ, al sentirse tirar a tierra abrió los ojos, exclamando: