El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Por Dios! ¡Un poco de compasión, queridos salvajes! ¿Queréis romperme las piernas para propina? ¿He dormido, o me habÃa medio atolondrado?
Haciendo un esfuerzo se incorporó sobre las rodillas girando alrededor una mirada de desconfianza.
—¡Hum! —murmuró—. Me parece que no estoy en muy buena compañÃa. ¡Toma! También mujeres y niños. ¡Maldición! ¿Cómo acabará esta aventura? ¿Y mi pobre Cardoso?
—Aquà estoy —respondió el muchacho, levantándose poco a poco.
—¡Ay, hijo mÃo! —exclamó el maestro abrazándole y estrechándole amorosamente contra su pecho—. ¡Te despiertas en mala ocasión!
—¿Dónde estamos, marinero?
—Ya lo ves; en poder de los gigantes de Patagonia.
—Pero ¿cómo ha sucedido esto? ¿Y los gauchos que estaban con nosotros?
—Malas cosas han ocurrido mientras tú has dormido, hijo mÃo. Los patagones nos han dado caza, y los gauchos se han hecho perseguir, con la esperanza de salvamos, y no sé dónde estarán, si todavÃa viven, y nosotros hemos sido apresados y conducidos a este lado del rÃo Negro.
—¿Y qué quieren hacer con nosotros estos malditos gigantes?