El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Cardoso —dijo con viva emoción—, comienzo a esperar que los mondongueras no nos coman.
—¿Con qué cuentas? —preguntó el chico, alzando vivamente la cabeza.
—He oÃdo hablar de un hechicero blanco.
—¿Y qué?
—Si fuese…
—¿Quién?
—¿Habrá caÃdo por aquà el señor Calderón? Un hombre caÃdo del cielo debe ser para estos paganos una cosa sagrada.
—Tienes razón, marinero.
—¡Ah! Los mondongueras no nos comerán.
La conversación, fue apagada por un clamoreo ensordecedor. Todo el campamento se habÃa puesto en movimiento detrás do los desventurados prisioneros: guerreros, hombres, mujeres y chicos, quién a caballo, quién a pie, corrÃan todos hacia el rÃo, dando feroces gritos.
El sol se alzaba llameante sobro las ilimitadas praderas de Levante, cuando los patagones llegaban a la orilla de rÃo Negro en un lugar donde describÃa una gran curva.
Cardoso y el maestro, que aunque hubiera arraigado en ellos la esperanza de ser salvados, comenzaban a inquietarse, fueron desembarazados de las ligaduras y arrojados rudamente al suelo.