El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿Tienes valor, hijo mÃo? —preguntó el maestro, que palidecÃa poco a poco.
—Lo tengo —respondió el muchacho con voz bastante firme.
—No mostremos miedo ante estos condenados paganos. Por otro lado, la muerte será rápida, si está escrito que tenemos que morir.
—¡Mira!
El maestro se incorporó sobre las rodillas y miró. Algunos patagones se habÃan acercado a una roca cortada a pico sobre el rÃo y arrojaban al agua pedazos de carne sanguinolenta.
—¿Qué hacen? —preguntó Cardoso.
—Excitan a los mondongueras. Los pequeños monstruos acudirán bien pronto a millares para disputarse esos pedazos de carne, y cuando ya enfurecidos empiecen a comerse entre ellos, como es de costumbre, los patagones nos arrojarán al agua.
—¡Malvados! ¡Ay, si tuviese mi carabina!
—Estériles lamentaciones, hijo mÃo. ¡Vamos, mostrémonos hombres!
Algunos guerreros se habÃan acercado a los dos desgraciados, que se sintieron levantar y transportar sobre la roca. Bajo sus axilas fueron pasados dos lazos, para impedirles salvarse a nado en la orilla opuesta, en el caso de que consiguieran desatarse y escapar a los afilados dientes de los mondongueras.