El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Cardoso y el maestro, pálidos, no obstante su valor, con los ojos extraviados, los cabellos erizados, la frente bañada en sudor frÃo, fueron asomados a la roca para que pudiesen ver lo que ocurrÃa en el rÃo, antes de ser devorados por sus terribles matarifes.
Precisamente bajo la peña se habÃan reunido a millares los feroces peces. Aquellos mondongueras, llamados también peces caribes, excitado su apetito por los pedazos de carne arrojados antes por los patagones, parecÃan presa de tremendo furor y de hambre diabólica. Se perseguÃan en todos sentidos, presentando sus pequeñas bocas armadas de poderosos dientes triangulares, atacándose, peleando con un encarnizamiento sin igual, desgarrándose y devorándose unos a otros. Batallones enteros desaparecÃan en pocos instantes, devorados por las potentes mandÃbulas de los más fuertes y de los más audaces o más ágiles.
Cardoso y el maestro cerraron los ojos para no ver.
—¡Cardoso! —gritó el maestro con desesperación.
—¡Marinero! —contestó el mozo con suprema energÃa—. ¡No tengo miedo!
