El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —SÃganme.
—¿Adónde?
—Al campamento.
—Yo preferirÃa levantar los talones —dijo Cardoso.
—SÃganme —repitió el agente con sequedad—, y no olviden que son hijos de la luna.
—Bueno —exclamó el maestro alegremente—, al menos esos paganos no se atreverán a atormentar a unos hombres que tienen la envidiable fortuna de caer del cielo… ¡En marcha!
Pero en vez de partir, el señor Calderón se paró como si se le hubiera ocurrido una idea luminosa. Se volvió bruscamente hacia los dos marineros, y les preguntó a quemarropa:
—¿Y los diamantes?
—Los llevamos con nosotros —contestaron los marineros.
—Cuidado con que nadie los vea.
—¡Oh! Puede usted estar seguro de que nadie nos los quitara —dijo Diego—. SerÃa para ello necesario que me hicieran pedazos para arrancármelos de encima.
—¡Basta entonces! ¡SÃganme!