El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Se pusieron en marcha, dirigiéndose hacia los patagones que se mantenÃan a caballo, espiando con atención los movimientos de los tres hijos de la luna, a los que veneraban, sÃ, pero a los que no deseaban ver escapar de sus manos.
Hauka, el jefe, que se encontraba en medio de sus guerreros con la lanza en ristre, avanzó hacia el hechicero, seguido por una docena de sus más selectos guerreros, que se distinguÃan por la mayor abundancia de tatuajes, y llegado a poca distancia, echó pie a tierra, saltando con ligereza.
—¿Son hermanos tuyos? —preguntó al agente.
—Sà —respondió el interrogado.
—Sean, pues, bien venidos a mi campamento; nada tienen que temer de Hauka y sus guerreros.
—¡Eh, marinero! —exclamó Cardoso—. Parece que las cosas marchan a maravilla.
—SÃ; gracias a ese horrible traje de tarasca que le han puesto al agente del gobierno.
—No nos faltarÃa más sino que nos devolviesen nuestros fusiles, para estar completamente contentos.
—¡Hum! Por ese lado no nos complacerán, hijo mÃo.
—¿Qué dicen? —preguntó Hauka al hechicero, señalando a los dos marineros.
—Que desearÃan sus armas.
El jefe hizo una mueca.