El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Yo también lo sospecho, Cardoso. Yo no sé por qué, pero desconfÃo siempre de ese hombre, y no querrÃa… Basta asÃ; no perderé de vista a ese agente de la cara fúnebre.
Después, mirando en la cara a Cardoso, añadió:
—¿Tienes miedo a los jaguares?
—Ni tampoco a un elefante, cuando estoy contigo —respondió sin titubear el bravo muchacho.
—Entonces ya nos las arreglaremos a despecho del agente. Hijo mÃo, vamos a dormir.
Volvieron a la tienda, se envolvieron en las mantas y se durmieron de nuevo tranquilamente como si nada hubiera ocurrido.
Pero su sueño fue de breve duración, porque fueron despertados por una brusca sacudida. Un patagón habÃa entrado en la tienda, llevando consigo las dos carabinas prometidas por el agente.
Diego y Cardoso recibieron con verdadera alegrÃa sus fieles carabinas, que ya habÃan creÃdo para siempre perdidas, y algunos paquetes de cartuchos que los patagones, a lo que parece, habÃan conservado con gran cuidado.
—Seguidme —dijo el patagón—. El alba va a aparecer.
—Vamos —dijo Cardoso—, estoy impaciente para cazar a ese señor jaguar que tiene entre sus ganas nuestra piel.