El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Le mataremos, hijo mÃo —dijo el maestro que cargaba con cuidado su carabina—, te lo aseguro. Yo entiendo bastante de esta clase de caza.
Salieron de la tienda y siguieron a su guÃa, que los condujo al otro extremo del campamento, que se prolonga hacia el rÃo. Aunque el sol no habÃa aún salido, algunas mujeres estaban ya en pie, ocupadas en peinarse con unas toscas escobillas, operación de la que se cuidan bastante, teniendo la precaución de arrojar al fuego en seguida los cabellos que se les caen por temor que un enemigo los coja y se sirva de ellos para hacer maleficios, siendo tal su creencia. También algunos hombres velaban aquà y allá por los lÃmites del campamento, pasando el tiempo en jugar con unos naipes de cuero que llaman bersen o a los dados, juego éste importado por los españoles.
Llegados fuera del campamento, el patagón señaló a los marineros una, espesura que podÃa llamarse un bosque, el cual se extendÃa en largo trayecto, siguiendo la orilla del rÃo Negro.
—El jaguar está allà —dijo—. Que Vitamentrú os guÃe y que Gualisciú se mantenga alejado…
—Y que el diablo te lleve —concluyó el maestro.