El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Iba a ponerse en camino de nuevo cuando su atención fue atraÃda por un jinete que estaba a cierta distancia. Aguzó la vista, pero como la noche era muy oscura no consiguió distinguirle.
—Será el jefe que viene a presenciar nuestra salida —dijo—. Vamos al camino, Cardoso, y no tengas miedo, que los jaguares no son animales que se atrevan a hacer frente a hombres armados de carabinas.
—Pierde cuidado, marinero. Tengo la vista segura y el pulso firme.
Volvieron la espalda al campamento, se pusieron las carabinas bajo el brazo y se dirigieron al bosque con la misma tranquilidad con que hubieran ido a un sencillo paseó aunque se trataba de cazar al más temible felino de la América meridional.
Silencio casi absoluto reinaba en la pampa. No se oÃa más que el graznido de alguna madrugadora tanagra azul que surcaba el espacio, y el sordo rumor del tuco-tuco, animalillo que abunda en las llanuras patagónicas y que ocupa su tiempo en socavar galerÃas subterráneas, con frecuencia muy largas.