El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Sé que, a menudo, entre esos monstruos se desarrollan ciertas enfermedades que hacen verdaderas hecatombes. Especialmente en las épocas de grandes calores, se ven con frecuencia a los rÃos arrastrar inmensas cantidades de caribes.
—Entonces, aquà ha estallado la epidemia.
—SÃ, y hemos sido bien vengados, Cardoso. ¡Qué lástima no tener aquà una red!
—¿Para qué?
—Porque los caribes son exquisitos, mejores que las truchas, que son tan delicadas.
—¿Y quién se comerá todos estos peces?
—Las bestias feroces que son muy golosas de la carne de los mondongueras. La corriente los echará sobre la orilla donde esos canallas atormentarán todavÃa a los hombres, porque sus mandÃbulas, armadas con los agudos dientes que tú conoces, al quedar extendidas por las playas harán muy molesto y peligroso el caminar por ellas.
—¿Y tú quieres…?
—¡Chitón!
—¿Qué pasa?
—¡Calla y mira!