El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Volvieron la espalda al rÃo para sorprender al jaguar por detrás, y se internaron nuevamente en el bosque avanzando con infinitas precauciones y el mayor silencio. Diego, que conocÃa la astucia y la agilidad verdaderamente extraordinaria del animal, de cuando en cuando se detenÃa para escuchar mejor y para examinar con atención los matorrales y las ramas de los árboles.
—Acaso nos ha oÃdo y se ha puesto a acecharnos para caer sobre nosotros.
—Pues yo no oigo nada.
—Son ágiles y ligeros y… ¡Chitón!
Hacia su derecha habÃa oÃdo un ligero roce, y habÃa visto moverse la maleza. Preparó rápidamente la carabina y esperó, mientras Cardoso hacÃa otro tanto, pero mirando de reojo hacia la izquierda.
Algunas ramas se movieron lentamente y se oÃa un gruñido que cada vez era más apagado.
—¡Ahà está! —dijo Diego—. Nos ha visto y nos espÃa.
—¿Nos atacará?
—Si tiene hambre no vacilará en hacerlo.
—¿Qué hacemos?
—¿Tienes tú confianza en tu punterÃa?
—Me tiembla un poco el pulso, pero no tengo miedo —respondió el valeroso muchacho.
—Entonces, sÃgueme.