El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Situados centinelas en las esquinas del vivac, cada cual se apresuró a disponer el propio lecho, muy sencillo y no muy cómodo para quien no está acostumbrado: una corcanilla en el suelo, encima el pabellón para hacerla más blanda, y luego el sobrepellón, que sirve de gualdrapa a los caballos, y la alta silla por cabezal.
Cardoso y Diego, que habían sido colocados en el centro del vivac, dentro de un doble círculo de patagones, para que no se les ocurriese escapar, después de haber sufrido una dolorosa visita de un hechicero que renovó las Incisiones de los pies, no tardaron en dormirse junto a sus carabinas, a las cuales, para mayor precaución habían cambiado las cargas.
Pero el sueño del maestro fue de breve duración. Estaba desasosegado, daba vueltas debajo de su manta y, de cuando en cuando, se levantaba para avizorar las proximidades del campamento, y especialmente el bosquecillo, poniendo atención a cualquier susurro de las frondas. Sin duda el digno marinero esperaba ver aparecer alguna persona, probablemente al supuesto gaucho, el que una voz interior le avisaba que estaba vecino.
Serian las dos de la madrugada cuando sus oídos percibieron un lejano fragor que parecía acercarse rápidamente. Venía del lado del bosquecillo y parecía producido por gran número de pesados animales que galopaban por la pradera.