El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Dime, marinero, ¿estará nuestro gaucho en ese campamento?
—¡Maldición de mil diablos! —exclamó el maestro impresionado por la observación—. ¡Si asà fuese!…
—¡SerÃa un gran conflicto!
—No; no puede ser —dijo el maestro después de algunos instantes de reflexión—. Ramón no hubiera ido solo cuando nos echó encima la manada de toros.
—¿Si pudiéramos aseguramos de ello? Porque no me perdonarÃa nunca si ayudase a estos paganos contra los hombres que laboran por nuestra salvación.
—Y menos yo, Cardoso. Pero…, ¡chitón!
—¿Qué oyes?
—¿No te parece que se oye el galope precipitado de un caballo en la otra orilla? Mira, también los patagones se han apercibido.
Cardoso aprestó el oÃdo, mientras los patagones se iban levantando uno después de otro, dirigiendo miradas de desconfianza hacia el Sur. En medio del profundo silencio, apenas interrumpido por el murmullo del rÃo Colorado, el joven marinero oyó distintamente un galope que se avecinaba rápidamente.
—Es Ramón —murmuró.
—SÃ, él debe de ser —dijo el maestro—. Sigue a nuestra tropa y se dirige al rÃo.
—¿No sabrá que nosotros estamos aqu�