El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Es Ramón —dijo el maestro.
—SÃ, sÃ; le he conocido —confirmó Cardoso—. ¡Ay! ¡Y no poderle hacer una señal!
—Sabe igualmente que estamos aquÃ, hijo mÃo, por eso continúa siguiéndonos.
—¿Volverá?
—Pasará el rÃo algunas millas más abajo y luego se volverá a poner sobre nuestro rastro.
—Entonces, ¿crees que ignora la presencia de los argentinos que vamos a atacar?
—SÃ; porque no hubiera dejado de avisarles disparando su trabuco.
Iba Cardoso a levantarse cuando sintió que una mano se posaba en su hombro. Se volvió y se encontró cara, a cara con Hauka, el cual clavaba en él sus miradas llameantes.
—Hijo de la luna —dijo con duro acento—, ¿conoces a aquel jinete?
—¿Y tú? —preguntó a su vez Cardoso prontamente.
—Es un enemigo.
—Yo también lo supongo.
—Tú y tu compañero le debéis de conocer.
—Te engañas, jefe —dijo el maestro.
—Hauka tiene mirada de serpiente.
—¿Y qué deduces de eso?