El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Mal va para esos pobres argentinos —dijo Diego que seguÃa con atención las fases del combate, descargando de cuando en cuando la carabina, aunque sin hacer daño alguno.
—¿Lo crees, marinero? —preguntó Cardoso.
—Dentro de diez minutos Hauka les dará una carga en medio de los furgones y ninguno escapará a las lanzas de los patagones.
—Si estuviera seguro de lo contrario romperÃa el fuego contra esos piratas de las praderas.
—Guárdate bien de hacerlo, si aprecias la vida, hijo mÃo.
—Sin embargo, es duro dejar que esos miserables paganos asesinen a los hombres blancos.
—Nuestro auxilio no servirÃa de nada, Cardoso. Si hubiese podido, ya le habrÃa yo mandado una bala al amigo Hauka.
—¡Mira! Los patagones mudan de táctica.
—Se dividen para atacar por dos lados la posición de los argentinos. Si no se deciden a huir, ni uno quedará vivo.
—A los patagones les interesa más la carga contenida en los furgones queja piel de los argentinos. ¡Oh!…
—¿Qué ves?