El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Los argentinos se deciden a evacuar. Un poco de alboroto todavía y después iremos a cenar un buen pedazo de carne fresca.
El marinero decía la verdad. Los argentinos, que ya veían perdida la lucha por las bajas sufridas y acaso también por la escasez de municiones, aprovechando un momento en que los tehuls reorganizaban las dos columnas para reiterar el ataque a lanzadas, habían abandonado de improviso los furgones, lanzándose a la pradera. Eran siete, montados en excelentes caballos y llevaban en la mano sus carabinas.
Los patagones, viendo que la presa se les escapaba, aunque para ellos lo más importante era el saqueo, se lanzó tras los fugitivos, pero éstos haciendo una descarga general espolearon a sus cabalgaduras que partieron vientre a tierra hacia el Oeste.
Hauka, a la cabeza de dos docenas de jinetes, se lanzó sobre sus huellas, lanzando las últimas bolas que no causaron efecto, pero después de quinientos o seiscientos pasos debieron renunciar a la persecución a causa del cansancio de los caballos, que galopaban desde hacía una hora, sin contar la larga marcha efectuada aquella jornada.
En lontananza se oyeron aún algunos tiros de trabuco y otros de carabina, y después, el silencio volvió a reinar en la pradera inmensa.