El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Esto ha terminado —dijo Diego—. Ahora la tomarán con nosotros.
—Mejor será asà —dijo Cardoso—. Aunque fueran enemigos nuestros, deploro la muerte de esos bravos argentinos.
—Ahora, estemos en guardia y si se presenta la ocasión escaparemos también nosotros.
—¿En qué confÃas?
—Yo lo sé, hijo mÃo.
En cuanto los patagones volvieron al campamento argentino se arrojaron sobre los cuatro furgones, ávidos de saqueo, sin ocuparse de los cadáveres de sus compañeros que, en número no pequeño, yacÃan entre la hierba, ni de los de los enemigos, que presentaban un aspecto horrible por las terribles heridas de bola.
Cajas, cajones y barriles, conteniendo ropas y vÃveres, fueron abiertos por aquellos salteadores, que lo registraron todo con encarnizamiento sin igual, disputándose todos los objetos a puñetazos y hasta a lanzazos. De pronto estalló un gran grito y se vio saltar a dos hombres desde un carro, llevando en sus robustÃsimos brazos dos barriles de unos cincuenta litros de capacidad cada uno.
Todos les siguieron en confusión, incluso Hauka, tendiendo las manos y gritando hasta desgañitarse.