El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Yo escapé hacia el Este, perseguido por una docena de patagones que me arrojaron bolas para estropearme el caballo o partirme a mà la cabeza. No sé las millas que corrà derribando de cuando en cuando a algún perseguidor, a tiros de trabuco, cuando, de improviso me encontré en la orilla del rÃo Negro. Lo atravesé y me refugié en la orilla opuesta, donde me escondà entre la maleza. CreÃa haberme alejado mucho del sitio donde les dejé a ustedes, cuando, en cambio, pude conocer que me encontraba a pocos centenares de pasos del campamento de los tehuls. Ignorando lo que habÃa sido de mis compañeros, permanecà escondido, y la los primeros albores del siguiente dÃa divisé a los patagones que atravesaban el rÃo con ustedes.
—¡Ah! ¿Usted estaba a pocos pasos de nosotros? —preguntó el maestro.
—SÃ, y le distinguà perfectamente, atado a la grupa de un caballo. Cardoso iba llevado por dos hombres de estatura gigantesca.
—Es verdad —dijo el maestro.
—No pudiendo ir en socorro de ustedes, volvà a cruzar el rÃo para buscar a Pedro y dedicarme con él a libertarles a ustedes. Pero ¡ay de mÃ!, mi pobre hermano habÃa caÃdo a los golpes de los enemigos y encontré su cadáver medio devorado por los jaguares de la pampa.