El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Infeliz! —exclamaron Diego y Cardoso, profundamente emocionados.
—Encontré al pobre Pedro —continuó el gaucho—, y me puse en condiciones de auxiliarles a ustedes resuelto a sacarles de su cautiverio. Sabiendo que aquà habÃa una estancia desde hace algún tiempo, aquà me dirigÃ, pero los puesteros, asustados acaso por la insurrección de los pampas, habÃan huido. Encontré los toros y descendà hacia el Sur, tropezando con la vanguardia de los patagones. Ya saben ustedes mis tentativas, que no dieron resultado más que en parte; pero les juro a ustedes que nunca les habrÃa abandonado, aunque hubiera tenido que hacer frente, yo solo, a esos bandidos.
—Es usted el mejor amigo, Ramón —dijo el maestro, apretándole vigorosamente, la mano—. Nosotros, le damos a usted las gracias por todo lo que ha hecho para libertarnos.
—¡Bah! No hablemos más de esto —dijo el gaucho—, y pensemos ahora en ganar la frontera chilena, que no debe de estar a más de seis jornadas de marcha.
—¿Y qué haremos mientras tanto?
—Usted y Cardoso explorarán los contornos para proporcionamos caza, y el señor Calderón quedará guardando la estancia, y yo iré en busca de caballos.
—¿Espera usted encontrarlos?