El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Los encontraré seguramente. Si es necesario llegaré muy lejos, hacia el lago Urré, en cuyas márgenes hay siempre manadas de caballos salvajes.
—A la obra, pues —dijo el maestro.
—SÃ; démonos prisa para no dar tiempo a que nos sorprendan los patagones.
Efectivamente, la prudencia más elemental aconsejaba aligerar los preparativos de la marcha. Los patagones, que a aquellas fechas deberÃan estar ya de sobra espabilados, no podÃan tardar en presentarse, seguros de recuperar a su hechicero y a los dos hijos de la luna.
El gaucho, que parecÃa incansable, volvió a montar a caballo y emprendió su viaje hacia el Este. Cardoso y el maestro con las carabinas al hombro se aventuraron en la pradera, mientras el señor Calderón se instalaba en el tejado de la barraca para otear los alrededores.
La jornada se presentaba bien para los dos cazadores. Por el aire revoloteaban inmensas bandadas de buitres negros y perdices salvajes, por entre la hierba se veÃa huir a bastantes avestruces, zorras, azaras y vizcachas, pequeños roedores que corrÃan a refugiarse en sus madrigueras. A lo lejos corrÃan algunas parejas de guanacos, que no demostraban tener ganas de dejarse acercar.