El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Temo que sea una carroña —dijo el maestro después de dar algunos pasos—. Esos pajarracos no se atreverÃan a acercarse tanto a un ser viviente.
El maestro no se habÃa equivocado. El toro, que era de tamaño colosal, parecÃa muerto hacÃa algún tiempo; sin embargo, Cardoso, que se habÃa acercado para ver mejor, notó con sorpresa que no despedÃa hedor.
—¿Hará pocos dÃas que está muerto? —preguntó—. En ese caso podrÃamos sacar de él algunos filetes.
—Prueba a tocarle —respondió el maestro.
El muchacho obedeció, pero apenas se apoyó sobre la masa, ésta cedió con gran crujido de huesos partidos, mientras del interior escapaban extraños animalitos que debÃan estar refugiados allà dentro.
—¿Qué es esto? —preguntó Cardoso dando un salto atrás.
El maestro, en vez de responder, asió la carabina por el cañón y empezó a golpear fuertemente a los animalitos; pero éstos se enrollaban en forma de bola, presentando a los golpes una especie de coraza ósea que, por lo visto, era más dura que el hierro.
—No conseguiré nada —dijo el maestro deteniéndose—. Se necesitarÃa un martillo de un quintal de peso para romper esta maldita concha.
—Pero ¿qué bichos son éstos? —preguntó Cardoso.