El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Hacia las once, cuando el huracán rugÃa con mayor rabia, la atención del maestro fue reclamada por una numerosa bandada de avestruces que venÃan corriendo del lado sur y huÃan hacia el Norte. Otro cualquiera no se habrÃa preocupado, pero el maestro era un profundo conocedor de los misterios de la pampa y de sus pobladores y quedó gravemente reflexivo.
—Esos avestruces van asustados y huyen de un peligro que viene del Sur —murmuró—. ¿Avanzarán, los Patagones?
Se precipitó a la empalizada, trepó a su cima con la agilidad de un gato y miró con atención. Un relámpago iluminó la gran llanura, mostrándola como en el centro del dÃa.
—¡Ahà están! —exclamó el maestro descendiendo precipitadamente—. ¡El corazón no me engañaba!
Corrió a la cabaña y con dos vigorosas sacudidas despertó a Cardoso y al agente.
—¿Me toca el cuarto? —preguntó el muchacho levantándose.
—SÃ; ¡no es mal cuarto, hijo mÃo! —respondió el maestro—. Los patagones están aquÃ.
—¡Los patagones!
—SÃ; he visto algunos jinetes galopando por la llanura.
—¿Son muchos?
—Aún no lo sé, pero lo sabremos pronto.