El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay El galope habÃa cesado de pronto. Cardoso y el maestro, a la luz de otro relámpago, vieron que la llanura habÃa vuelto a quedar desierta.
—¡Oh! ¡Oh! —exclamó el maestro, rascándose con fuerza la cabeza—. ¿Adónde se habrán ido?
—Se habrán ocultado entre la hierba —respondió Cardoso.
—¿Qué intentarán hacer esos malditos paganos?
—Intentarán acercarse arrastrándose por la hierba —respondió Cardoso—; estoy seguro de ello, marinero. Ya sabes tú que las bolas tienen muy poco alcance.
—No querrÃa que los descubriésemos demasiado tarde.
—O que nos atacasen, por la espalda.
—¡Mil millones de rayos! ¡No nos faltarÃa otra cosa! Señor agente del gobierno, le necesitamos a usted para librar la pelleja.
—Manden ustedes —respondió el señor Calderón.
—Si no le molesta, haga el favor de pasar al otro lado de la empalizada y embosquese usted entre la hierba que podrÃa ocultar a los bandidos que nos atacan. Le advierto que será necesario tener ojo avizor y las pistolas en las manos.
El agente se levantó sin decir palabra y se alejó con paso vivo.