El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Ahà están!
A cincuenta o sesenta pasos y como si hubieran salido de la hierba aparecieron de improviso quince o veinte hombres. Una granizada de bolas cayó sobre la estacada, abriendo brecha en los troncos medio podridos. Después los enemigos se arrojaron adelante con las lanzas en la mano, llenando el aire de clamores terribles.
Cardoso, aunque asustado por la vecindad de los formidables guerreros cuya gigantesca estatura se recortaba vivamente sobre el fondo azulado del horizonte, que los relámpagos iluminaban casi sin interrupción, apuntó con su carabina e hizo fuego contra el centro de la banda.
Un hombre cayó entre la hierba, pero los demás continuaron la carrera, mientras otras bandas aparecÃan por allá y acullá. El maestro, que en este intervalo habÃa vuelto a cargar su carabina, hizo también fuego.
Otro guerrero cayó, lanzando un alarido de dolor. Sus compañeros, asustados por aquel golpe maestro, se detuvieron indecisos y después volvieron las espaldas, tirándose en medio de la hierba.
—¡Ya era tiempo! —exclamó el maestro enjugándose el frÃo sudor que mojaba su frente—. Unos cuantos pasos más y habrÃamos concluido.