El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Pero la cosa no podÃa durar mucho. Al cabo de pocos minutos los tres defensores se vieron obligados a replegarse al interior del recinto y a refugiarse en la barraca. Los patagones, furiosos por las pérdidas sufridas, irrumpieron en el recinto, dando gritos de triunfo.
—¡Estamos perdidos! —exclamó Cardoso.
—Huyamos a la pradera —dijo el agente.
—¡TodavÃa no! —tronó el maestro.
HabÃa visto un guerrero de alta estatura que se encontraba en la entrada y en aquel hombre habÃa reconocido a Hauka, el jefe.
Se lanzó fuera de la cabaña a riesgo de hacerse romper la cabeza por alguna bola y apuntó su carabina.
Iba a apretar el gatillo, cuando por el lado opuesto del recinto se oyó una voz que gritaba:
—¡Sosteneos, amigos! ¡Aquà estoy yo!
Una formidable detonación siguió al grito, dominando los clamores de furor de los patagones, y Hauka, herido en pleno pecho, cayó fulminado en medio de sus guerreros.
El maestro, sorprendido por el inesperado socorro se volvió hacia el recinto y vio a Ramón que avanzaba corriendo y llevando en la mano el trabuco todavÃa humeante.