El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Lo creo —respondió Cardoso, que animaba a su caballo a latigazos, impaciente por entrar en la ciudad. Ya era tiempo que nos encontrásemos en lugar civilizado después de pasar tantas semanas entre los salvajes de las praderas.
—¿Llevas siempre los millones tuyos?
—No los he tocado nunca —respondió el muchacho—. Siempre van aquÃ, en el cinturón, debajo de la camisa.
—Y yo llevo los mÃos. El Presidente podrá considerarse afortunado cuándo reciba este tesoro que debe creer perdido en el fondo del mar.
—Acaso cuente con él todavÃa, marinero. El capitán Candel o algún hombre de la tripulación pueden haberse salvado.
—¡Dios lo haya querido! —dijo el maestro con emoción—. SentirÃa inmensamente la muerte de nuestro heroico comandante.
—¡Alto! —dijo en aquel momento Calderón, parándose ante una hospederÃa situada a medio kilómetro de la ciudad.
—¿No vamos a entrar en la población? —preguntó Cardoso—. Hemos dado cita a Ramón en el Consulado.
—Además, tenemos que entrevistarnos con el cónsul para saber dónde podremos encontrar al presidente.