El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Seguramente no querrán ustedes presentarse con esas ropas tan destrozadas, qué apestan a selvático —dijo el agente del gobierno.
—Tiene usted razón, señor Calderón, tanto más cuanto que yo me estoy muriendo de hambre.
Entraron en la hospederÃa, confiando los caballos al mozo de cuadra, y llamando al propietario le encargaron que les proporcionase nuevos vestidos y preparase una suculenta comida.
Pocas horas después, los tres, vestidos de nuevo, se presentaban en el comedor donde se sentaron ante una apetitosa comida que remojaron con algunas botellas de exquisito vino español.
El señor Calderón, que ya habÃa sostenido larga conversación con el propietario de la hospederÃa, durante la comida dio a sus compañeros las primeras noticias de la guerra que todavÃa se libraba entre el Brasil y la República Argentina, por una parte, y el Paraguay por la otra.
El heroico dictador, a pesar de la gran derrota sufrida en Angostura, a donde habÃa huido, como era voz corriente, no habÃa perdido la esperanza de desquitarse sobre las fuerzas de los aliados. Según las últimas noticias llegadas de Chile, se encontraba ahora en Cerrro León, ocupado en reorganizar su ejército y en fortificar Piribebuy, donde habÃa establecido la capital provisional de la República.