El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —SÃ, esperémosle —dijo el agente del gobierno con una sonrisa que parecÃa forzada.
—¿PodrÃamos partir?
—La presencia de ustedes en el Consulado, es por ahora inútil —respondió el agente—. Es mejor que yo me presente solo para ponerla al corriente de todo y para entendernos sobre el modo mejor y más rápido para encontrar al presidente.
—¡Oh, nosotros no le esperamos a usted, señor Calderón! —dijo el maestro.
—Lo sé; pero deseo que no me acompañen por la ciudad, por ahora.
—¿Por qué motivo, señor agente del gobierno?
—No tengo por qué darle cuenta a usted, maestro Diego. No se le olvide que yo represento al Presidente de nuestra nación.
—Pues ¿cuándo podremos entrar en la ciudad?
—Cuando yo haya regresado.
—Pero, le advierto, señor Calderón, que nosotros no entregaremos el tesoro más que en las manos del Presidente.
—Nadie se lo quitará a ustedes de encima —respondió el agente del gobierno encogiéndose de hombros.
—Siendo asÃ, parta usted cuando quiera.