El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —En mi casa —respondió el hombre inerme, mientras los otros apuntaban con sus armas a ambos marineros.
—¿A quién pertenece esta casa?
—Al Consulado argentino —respondió el hombre, sonriendo y tranquilamente.
—¡Al Consulado argentino! —exclamaron a dúo Diego y Cardoso.
—Sí, ¡oh, señores!
—Pero ¿ustedes no saben que somos súbditos del Paraguay? —preguntó el maestro amenazando con los puños.
—Lo sé y por eso, en nombre de mi gobierno, les declaro prisioneros de guerra.
—¡Miserables! —tronó el maestro haciendo intento de lanzarse contra aquel hombre.
—Les advierto que si dan ustedes un paso más, Tos hago fusilar —respondió el agente argentino.
—Pero ¿qué se exige de nosotros? —preguntó Cardoso.
—La entrega de los millones destinados al Presidente de su nación.
—Pero eso es un despojo, indigno de una nación que se llama la República Argentina.
El agente se encogió de hombros.
—Todo es lícito en la guerra —dijo.