El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Pero estamos en Chile, en territorio neutral —gritó el maestro.
—Reclamen ustedes al gobierno chileno, si pueden.
—¡Es usted un miserable!
—No me importan sus insultos.
—¿Dónde está el señor Calderón? —preguntó Cardoso.
—Creo que está almorzando.
—¿Luego es él quién nos ha hecho traición?
—No se necesita ser un adivino para sabedlo.
—Entonces, ¿quién es ese hombre?
—Un hábil agente del gobierno argentino que consiguió ganarse la confianza del Presidente del Paraguay.
—¡Oh! —exclamó el maestro—. ¡Mis sospechas no eran infundadas! ¡Y yo, estúpido, que le salvé en lugar de quemarle en la pradera! Pero ¡juro a Dios que no cesaré hasta que le haya clavado mi navaja en el corazón!
—Y yo también lo juro, Diego.
—Si le vuelven ustedes a ver —dijo el agente argentino con sonrisa irónica—. ¡Vamos, señores! Es necesario que se rindan y desembolsen los millones que llevan encima.
—¿Para después asesinarnos? —preguntó el maestro.