El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Les doy a ustedes mi palabra de honor de que respetaremos su vida.
—Los bandidos como usted no tienen honor.
—Como usted quiera. Si entregan los millones saldrán de aquà sanos y salvos y los haré embarcar en un buque argentino que llegará al puerto mañana, con lo cual les impediré que reclamen ante el gobierno chileno. Les llevarán a ustedes a cualquier ciudad de nuestra República y cuando termine la guerra se les devolverá en unión de los demás prisioneros de guerra.
—¿Y si nos negamos?
—Seguirán aquà hasta que transijan.
—Pues entonces, tendrán ustedes que esperar un poco, porque ni Cardoso ni yo nos rendiremos.
—Yo creo lo contrario.
—¿Por qué?
—Porque el hambre les obligará a capitular.
El maestro se arrojó adelante, cuchillo en mano, pero el agente argentino y sus hombres que esperaban, sin duda, aquella agresión, con rápido movimiento se precipitaron fuera de la habitación cerrando violentamente la puerta.
—¡Les arrancaré el corazón! —rugió el maestro en el colmo del furor.
—Como usted quiera —respondió el agente, desde afuera.
—¡Ah, bandidos! —exclamó Cardoso.